Juan Comotti: ¨El teatro es metafísica pura corporizada en la acción¨

Es
uno de los principales exponentes de la actividad teatral en Mendoza.
Controvertido, directo y multifacético – además es músico y poeta – Juan
Comotti estudió Arte Dramático en la Universidad Nacional de Cuyo, e
hizo un Master de Dirección en Chile. Hijo de Gladys Ravalle y Cristóbal
Arnold, éste joven director, creció con el especial encanto que
significa tener padres artistas. Los suyos, le hicieron vivir la magia
del teatro desde siempre. A lo largo de quince años de escenarios – y
con solo 36 años de edad- abrió tres espacios: El Centro de ¨Estudios
teatrales Cristobal Arnold¨, La ¨Enko Sala¨ de la calle San Juan y por
último ¨Enko Sala Gladys Ravalle¨ en Godoy Cruz, resultado del trabajo
con su grupo de gente y en homenaje a su madre. Además, han logrado
setenta y cinco estrenos recorriendo el país, Chile y México. En
diciembre el telón se abre para representar ¨Llanto de Perro¨ de Daniel
Binetti. Una comedia que marca los contrastes entre la vida moderna y la
vida de campo. “Trabajo con un tipo de teatro basado en los estados por
los que transcurren los personajes, más que en la psicología de los
mismos¨, nos comenta respecto a su trabajo como director.

China Reveco: ¿Estaba predestinado a dedicarse al teatro por el lugar en el que nació y creció?
Juan
Comotti: Es una buena pregunta, porque la predestinación es algo muy
teatral. Edipo estaba predestinado, como los artistas en su gran
mayoría. Yo estaba predestinado a tener una madre actriz, además de muy
talentosa maestra. Como también un padre hermoso, director
increíble…Ambos intentaron esquivarme del rubro a medida que iba
creciendo. Lo hacían con tal de no imponerme sus parámetros de vida,
dejándome que yo eligiera. Como es natural… les fui llevando la contra.
Todo lo demás estaría escrito en los archivos de algún lado, donde esta
escrito todo. Me imagino que a la predestinación solo tienen acceso los
chamanes, o los directores artísticos y los dramaturgos más osados.
Claro que el ambiente influye. Cuidaba a los hijos de los actores cuando
se iban juntando en los teatros, repartía también los programas, llegue
a saber varios textos de memoria, y hasta retaba a los actores cuando
se olvidaban alguna palabra…era un buchón! Pero yo elegía ir al teatro y
no quedarme en casa. Supongo que me aburría por ser hijo único. El
teatro era mas divertido… era mi hermano del alma. De niño era bastante
malcriado e insoportable, al menos así me consideraban los elencos en
general. El ¨nene mimado¨. Se hacia lo que el pibe decía… tal vez ahora
pretendo lo mismo… ¿Por eso seré director? , aunque cada vez funciona
menos.
C.R.: ¿Cómo fue el camino hasta encontrar su propio estilo, teatro... ?
J.C.:
Creo que el espacio del teatro esta dentro de uno. Es muy deprimente
que se cierre una sala. Pero por suerte el bichito que nos pico alguna
vez, hace que los espacios se sigan abriendo permanentemente. Los
actores siempre encontraremos calles, plazas y bares e intentaremos
seguir abriendo salas. No es nuevo que los gobiernos acaben con los
grandes teatros que se han construido, o que las leyes y las economías
favorezcan a las playas de estacionamiento, casinos y templos
religiosos. Por otro lado dentro del terreno de la estética y poética es
muy difícil hablar de un estilo de teatro, de un tipo, de una marca y
de un sello. Estamos habitando un mundo que se lleno de ¨prototipos¨ y
eso para la mayoría de la gente, y sobre todo para los críticos, puede
ser un alivio. Como si se encontrara el placer de la obra de arte, solo
cuando podemos describir con conceptos algo que quizás es inexplicable.
Debería ser todo lo contrario. Deberían solamente encontrarse a si
mismos como espectadores. Igualmente creo que los géneros hay que
conocerlos. Defiendo el espacio educacional, sobretodo valoro que sea
gratuito en nuestro País. Pero no hay nada que nos enseñe más que la
propia obra de arte, que siempre se impone con mucha fuerza, solo hay
que saber dejarse llevar y escuchar sus señales, sin tratar de imponerle
un molde, y siempre tratando de mantener la esencia de lo que el autor
quiso decir. Transfigurar no debe necesariamente ser deformar si no ¨des
formar¨. Tal vez suene un concepto algo metafísico… pero el teatro es
metafísica pura corporizada en la acción. Está tan lejano a la realidad
que supera a la ficción. Yo prefiero quedarme en lo obsceno, en el
sentido de poner en conflicto y en choque al público. Lograr en el
espectador una conversación con el mismo, que madure a través del con el
tiempo y le siga reapareciendo de distintas maneras. A lo mejor
sacándole una sonrisa… por que no. La función del teatro es entretener,
pero también entretejer mundos. De todas formas me gusta mucho el
grotesco y el naturalismo si es descarnado. También, y especialmente la
farsa política, porque odio a los militares y los políticos, eso se nota
mucho en mis obras. Somos una generación descreída, pero eso es otro
tema.
C.R.: ¿Qué obras cree que han representado mejor su espíritu o con las que has quedado más satisfecho?
J.C.:
Es como preguntarle a una persona con quien le gusto mas compartir el
amor a lo largo de su vida sentimental. Todas las obras son seres
vivientes: incomparables e irremplazables.
C.R.: ¿Encuentra en sus puestas, una evolución estética significativa, variaciones en sus intenciones?
J.C.:
Si, lo encuentro. Lo voy viendo a partir de las críticas o los
comentarios de los compañeros. Prefiero pensar a la evolución, bajo un
concepto que se relacione con el retorno a la infancia y su imaginación
plena, sin prejuicios… eso es lo primero que haría un clown porque ellos
culturalmente tienen ¨licencia¨ para hacerlo. La evolución seria así,
involución, la estética tendría otra ética.

Creo
que el día que encuentre mi camino, mi estética o trate de seguir algún
molde, voy a estar ¨frito¨. Todavía cambio los finales el último día
antes del estreno, y cada vez que me enfrento a una obra no tengo ni
idea de lo que voy a hacer.
Pero hay varios elementos que siempre
están: el humor negro, la exasperación y un teatro más basado en los
estados por los que transcurren los personajes, que en la psicología de
los mismos.
Creo en las posibilidades que ofrece el actor con su cuerpo en juego, sobre todas las cosas.
C.R.: ¿Cuáles son los dramaturgos que más le interesan?
J.C.:
Los que escriben sus propias obras, aquellos ¨directores completos que
arman en paralelo con los actores sus creaciones. Los que buscan el
accidente mas que el incidente. Es un camino que me falta transitar. Me
gusta mucho el trabajo de Pompeyo Audivert, Ricardo Bartis y Andres
Mangone de Buenos Aires, Paco Gimenez de Córdoba, y Arístides Vargas,
actual dramaturgo de la Fiesta de la Vendimia.
C.R.: ¿Cómo afecta el teatro en la sociedad? ¿Cree que se pueden conseguir cambios desde el escenario?
J.C.:
El teatro infecta. Así va… siempre buscando otras posibilidades. El
teatro sigue existiendo aun cuando nos preguntamos por su propia
existencia. Estamos muy fortalecidos y nos seguimos multiplicando.
No
hay día en que la gente no busque a un actor. Lo hace viendo una
película o mirando la tele aunque sea para ¨desconectarse¨. Los actores
somos bastante tozudos y obsesivos.
En alguna época, el teatro
pretendía hacer la revolución y hablaba de eso. Es natural que aún
queden rastros de ese discurso. Pero nosotros tratamos de no bajar
líneas, queremos que los cambios se den desde las nuevas formas de
explorar y explotar con nuestros cuerpos ideas poéticas y artísticas. Lo
hacemos retorciendo, estrangulando, dislocando, descontextualizando,
llorando mientras reímos y riéndonos de llanto. El público de hoy está
acostumbrado a comer mientras ve teatro, y pretende hacer la digestión
con el postre de mensaje que le deja la obra. Después vuelven a sus
casas y está la excusa para un diálogo de sobremesa.
C.R.: ¿Qué representa el teatro en este mundo tan agitado y desorientado?
J.C.:
El mundo siempre a estado así y el teatro no va de la mano. Siempre
estamos en una situación particular y los gobiernos siguen pasando, cada
uno con sus formas e irregularidades.
El mundo se va a acabar y
nunca se acaba al final. Pero el teatro, al menos el que me interesa,
logra en su reflejo oscuro, tirar un cable a tierra. Admiro mucho a los
artistas de la resistencia, los que en las peores situaciones históricas
defendieron su lenguaje adentro de las casas, escondiéndose de la
dictadura a pesar de las bombas, los raptos y tantas otras injusticias y
atrocidades. También admiro a quienes tuvieron que exiliarse y no
bajaron la guardia.