Carta
al actor
por Eugenio Barba
CARTA AL ACTOR D.
A menudo me sorprende la ausencia de seriedad en tu
trabajo. Y esto no se debe a falta de concentración o de buena voluntad,
sino que se expresa por dos actitudes:
Primero de nada, la impresión de que tus acciones no
están dictadas por una convicción interior o por una necesidad ineluctable
que se manifestaría en la ejecución de un ejercicio, de una improvisación
o de una escena. Puedes estar concentrado en tu trabajo, sin economizar,
tus gestos pueden técnicamente ser precisos, y sin embargo tus acciones
siguen siendo vacías y no creo en lo que estás haciendo. Tu cuerpo sólo
dice una cosa: "obedezco a una orden dada desde el exterior". Los nervios,
el cerebro, la columna vertebral, no están comprometidos, y sólo tu
epidermis querría hacer creer que todo esto es vital para ti. No percibes
en ti mismo la importancia de lo que quieres hacer partícipe a los
espectadores.
Entonces, ¿cómo puedes esperar que el espectador quede
prendido de tus acciones? ¿Cómo podrías, de este modo, hacer comprender o
afirmar que el teatro es el lugar donde las convenciones y las trabas
sociales deben desaparecer para dejar sitio a una comunicación sincera y
absoluta? Tú, representante de la colectividad, estás en un lugar donde se
manifiesta la necesidad de cada uno de sentirse aceptado, donde las
humillaciones, las experiencias denigrantes por las que has pasado, tu
cinismo que es una actitud de autodefensa, tu optimismo que es la
irresponsabilidad misma, tu sentimiento de culpa, aparecen junto a tu
necesidad de amar, a tu nostalgia por el paraíso perdido, quizá buscado en
el pasado, en tu infancia, en el calor de una ser –tu madre, el que te ha
hecho olvidar la angustia- en el tiempo en el que no te hacías preguntas y
en el que exigías una respuesta.
Todas las personas en esta sala quedan impresionadas si
tú efectúas, durante la representación, un retorno a las fuentes hacia
aquellas experiencias humanas comunes que permanecen ocultas: verdadero
lazo humano que te une a los demás.
La segunda tendencia que veo en ti es el temor a tomar
en consideración la seriedad de este trabajo: sientes una especie de
necesidad de reír, de burlarte, de comentar humorísticamente lo que tú y
tus compañeros hacéis. Es como si quisieras huir de la responsabilidad que
sientes, que va ligada al trabajo mismo y que consiste en establecer una
comunicación con los demás hombres y en asumir las consecuencias de lo que
revelas.
Tienes miedo de la seriedad de este trabajo, de estar
al margen de lo que está permitido: tienes miedo de que todo aquello que
haces sea sinónimo de fanatismo, de aburrimiento, o de aislamiento
profesional. Pero, en un mundo en el que los hombres que nos rodean yo no
creen más en nada o pretenden creer para estar tranquilos, aquel que
ahonda en sí mismo para enfrentarse a su condición, a su falta de ideales,
a su necesidad de vida espiritual, es tomado por fanático o por ingenuo.
En un mundo cuya norma en vigor es hacer trampas, aquel que busca "su"
verdad es tomado por hipócrita.
Creo que nunca has pesado en todo lo que liberas,
modelas y cumples en tu trabajo, es una manifestación de la vida y merece
consideración y respeto. Tus actos, en presencia de la colectividad de los
espectadores, deben estar cargados de la misma fuerza que la marca de las
tenazas incandescentes del verdugo, o que la voz de la zarza ardiente en
el monte Sinaí. Solamente entonces tus actos podrán seguir viviendo en el
espíritu y en el fuero interno del espectador con esta necesidad que
provoca consecuencias imprevisibles.
Mientras Dullín yacía en su lecho de muerte, su rostro
se retorcía deformándose según las máscaras de los grandes papeles que
había vivido: Smerdiafov, Volpone, Ricardo III. No era tan solo el hombre
Dullín quien moría, sino también el actor y todas las etapas de su vida.
Si te pregunto por qué te has hecho actor, me
responderás que quieres expresarte y realizarte- Pero, ¿qué significa
realizarse? ¿Quién se realiza? ¿El jefe de oficina Hansen que vive una
existencia respetable, sin inquietudes, nunca atormentado por estas
preguntas que quedan sin respuesta? ¿O el romántico Gauguin que , después
de haber roto con las normas sociales, terminó su existencia en la miseria
y las privaciones de una pobre aldea polinesia, Noa-Noa, donde creía haber
encontrado la libertad perdida? En una época donde la fe religiosa está
considerada como neurosis, nos falta la medida para juzgar el éxito o el
fracaso de nuestra vida. Sean cuales sean las motivaciones personales y
ocultas que te han traído al teatro, ahora que ejerces esta profesión,
debes encontrar un sentido que vaya más allá de tu persona, que te sitúe
socialmente frente a los demás.
Sólo en las catacumbas puede preparase una vida nueva.
Ese es el lugar de quienes, en una época, buscan un compromiso espiritual
y no tienen miedo a la confrontación difícil. Esto supone coraje: la
mayoría de la gente no tiene necesidad de nosotros. Tu trabajo es una
forma de meditación sobre ti mismo, sobre tu condición de hombre en una
sociedad, y sobre los acontecimientos que tocan que tocan lo más profundo
de ti mismo a través de las experiencias de nuestro tiempo. Cada
representación en este teatro precario que choca contra el pragmatismo
cotidiano puede ser la última; y tú debes considerarla como tal, como tu
posibilidad de reencontrarte, dirigiendo a los demás el saldo de cuentas
de tus actos, tu testamento.
Si el hecho de ser actor significa todo esto para ti,
entonces surgirá un teatro nuevo, un modo nuevo de aprehender la
tradición, una nueva técnica. Una nueva relación se establecerás entre tú
mismo y los hombres que por la tarde vienen a verte porque te necesitan.
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